Mensaje de Navidad 2011 de nuestro Abad, D. Alfonso

Posted on 15 diciembre 2007. Filed under: Mensajes navideños del Abad |

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Mensaje Navideño 2013

ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA… ¡EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO!, por D. Alfonso Baldeón.

Llega el Adviento, y con él la proximidad de la Navidad. Un tiempo entrañable en el que toda la Comunidad cristiana, la Iglesia, dirige su mirada contemplativa hacia el misterio del “Dios-con-nosotros”, el Dios hecho hombre en Jesús de Nazaret, que se hace uno de nosotros en el seno de una muchacha que supo decir “sí” a Dios y a sus planes de amor. El nombre de esa muchacha era María.

 

Los discípulos de Jesús amamos a María con amor cariñoso de hijos. Jesús mismo nos la regaló como madre desde la Cruz, como último don que compartía con nosotros. “Mujer, ahí tienes a tu hijo” le dijo a ella. Y luego al discípulo amado: “Ahí tienes a tu madre”. Y nos dice el relato evangélico que “desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”. Desde entonces, todo discípulo amado de Jesús, cada uno de nosotros, sabe que tiene “en su propia casa”, en su propia vida, la presencia de una madre viva y real, amorosa y solícita, que en nombre de Jesús vela y cuida de cada uno de los que ella misma acoge con amor de madre.

 

Ser cofrade de Nuestra Señora del Carmen, esencialmente, es vivir esta experiencia de acoger a María como madre en la propia casa, en la propia vida; de ser y saberse acogido por ella como algo que le pertenece; de recorrer el camino de la vida, camino ya de Evangelio en pos de Jesús, acompañado, sostenido y alentado por la presencia, el testimonio y el amparo de Aquella que es la primera discípula de Jesús y el modelo de cómo seguirle a Él acogiendo la Palabra del Señor y llevándola a la práctica.

 

Un hijo suele, en momentos de intimidad, preguntarle a su madre por cosas de su historia, de su pasado, esos recuerdos entrañables que toda madre conserva en su corazón, como tesoro precioso, y que le encanta compartir con sus propios hijos en momentos de intimidad y confidencia. También nosotros podemos –y debemos- preguntarle a María, nuestra madre, cómo empezó todo, cómo fue el inicio de esta preciosa historia de amor de Dios con nosotros, de la que formamos parte.

 

Ella nos diría, haciendo memoria creyente de su vida, que todo empezó un día hermoso de primavera en Nazaret, cuando ella menos se lo esperaba. Nos diría, con una mirada tierna y cómplice, que así suele acercarse Dios a nosotros… ¡cuando menos nos lo esperamos! Y esa mañana ella fue sorprendida por el saludo del Señor. Y nos diría que lo primero que Dios le dijo fue “Alégrate”. La palabra que rasgó el silencio de María fue una invitación a la alegría. Porque Dios siempre se acerca a nosotros en positivo, para hacernos bien, para alegrarnos la vida… ¡para llenarnos de su gozo!

 

Si Dios se acerca a nosotros con una invitación y llamada a la alegría, lo primero que nosotros hemos de hacer es alegrarnos, abrir el alma, el corazón, la vida entera al gozo y a la alegría de Dios.

 

Luego a María le llamó la atención que Dios no la llamase por su nombre, María, sino por un nombre nuevo: “Llena de gracia”. Así le descubría la raíz auténtica de esa alegría a la que era invitada. Es el gozo que viene de Dios, de un Dios que nos habita y nos llena por dentro… ¡Eso es la gracia! La gracia no es algo que podemos poseer o podemos perder. La gracia es Dios en nosotros, en relación de amor. La gracia es Dios habitando en nuestro interior, llenando nuestra vida, habitando en nosotros… hasta llenarnos de sí mismo.

 

Por eso la tercera palabra que María recibió en Nazaret expresaba rotundamente esa verdad: “El Señor está contigo”. Cerca de ti, en ti, dentro de ti… ¡contigo! Un Dios que no quiere ser alguien distante, ni lejano, ni inaccesible, sino tan cercano como sólo Él puede llegar a serlo, más cercano a ti que tú mismo. ¡Tan íntimo y entrañable!

 

Así empezó todo. Así, nos diría María, entró Dios, hecho hombre, en mi historia personal y en la historia de la humanidad. Así entra en tu propia vida… o quiere entrar, si tú le dejas. Y esto que en mí fue experiencia personal, puede ser también tu propia experiencia de Dios.

 

Quizás este tiempo de Adviento y Navidad nos vendría bien a todos hacer un momento de silencio, de calma interior, de sosiego espiritual, para dejar resonar estas palabras dentro de nosotros, como dirigidas personalmente a cada uno: ¡ALÉGRATE! ¡ESTÁS LLENO DE GRACIA! ¡EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO!

Comencemos, entonces, por alegrarnos en el Señor y compartir juntos esa alegría profunda. Será nuestra mejor y más efectiva felicitación navideña.

 

Alfonso Baldeón Santiago, abad de la Cofradía.

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Escrito dirigido por nuestro Abad, D. Alfonso, con motivo de la próxima Navidad 2011.

 María: Vivir de cara a Dios

Queridos cofrades,

Cuando este Boletín llegue a vuestras manos, estaremos ya inmersos en el ciclo litúrgico del Adviento y la Navidad, un tiempo tan entrañable para todo cristiano.

La celebración de la Navidad nos invita a mirar a Jesús como el Emmanuel soñado y anunciado por el Profeta, el Dios-con-nosotros que se hace cercano, que comparte todo lo nuestro, para ofrecernos compartir todo lo suyo (¡Oh, admirable intercambio! exclamará con asombro una preciosa antífona litúrgica de este tiempo).

La historia de la humanidad estaba irremediablemente dañada por el tenaz empeño de los hombres de dar la espalda a Dios, de caminar al margen de toda referencia a Aquel que es su origen y su meta, su raíz y su plenitud. La historia de la humanidad, de espaldas a Dios, se iba así configurando como una aventura errática, condenada al extravío y al fracaso.

Pero Dios, rico en misericordia y fiel en su amor, no ha querido dar la espalda a los hombres. Al contrario, siempre “vuelve su rostro hacia nosotros”, con apasionado afán de encontrarnos y de convertir ese encuentro en un abrazo de entrañable ternura. Es lo que llamamos la “salvación”.

La Navidad celebra ese encuentro entre Dios y el hombre, que se realiza en Jesús, ese abrazo entre el amor desbordante de Dios y el vacío del corazón humano, hambriento y sediento de plenitud.

En el corazón mismo de este tiempo del Adviento, celebramos a María, en el misterio de su Concepción Inmaculada. Las lecturas de la Misa de esa fiesta nos presentan el contraste abismal entre la actitud de Adán, el hombre viejo, cuya experiencia de pecado le lleva a esconderse de Dios, angustiado por el miedo, y la actitud de María, la mujer nueva, no marcada por el pecado, que no tiene ningún miedo de Dios, que no se esconde ante él, sino que se estremece ante su palabra, que da la cara a Dios, abierta al diálogo, y plenamente disponible ante la propuesta que Dios le hace.

En este tiempo del Adviento y la Navidad, María es un punto de referencia privilegiado para todo discípulo de Jesús. Ella nos enseña a no escondernos ante Dios, a no mirar hacia otro lado, a no dejarnos acobardar por el miedo, el recelo o la desconfianza, a no bloquearnos ni replegarnos en nosotros mismos, a no escapar ante la presencia y la propuesta de Dios.

María nos enseña a permanecer en lo cotidiano, con sencillez y transparencia creyente, abiertos, vigilantes, atentos a los signos que nos vienen de parte de Dios.

María nos enseña a permanecer disponibles, en la escucha de la palabra de Dios, en la acogida de Aquel que es la Palabra, consintiendo sin reservas y permitiendo que esa palabra germine y engendre en nosotros la Nueva Vida que Dios nos ofrece gratuita y generosamente.

María nos invita a vivir de cara a Dios, como ella lo hizo siempre. Vivir de cara a un Dios que permanece siempre de cara a nosotros, porque permanece fiel en el amor con que nos ama. Un Dios que es todo amor, y cuyo amor es el mejor don y regalo que podemos recibir, acoger y vivir y compartir con todos aquellos que nos rodean, cercanos o lejanos.

Ojalá este sea el mejor fruto de las celebraciones navideñas en la vida de todos y cada uno de los cofrades de Nuestra Señora del Carmen. Que este deseo sea mi felicitación navideña para cada uno de vosotros.

 Alfonso, vuestro abad.

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Escrito dirigido por nuestro Abad, con motivo de la próxima Navidad 2009.

Queridos cofrades de la Santísima Virgen del Carmen:

Un año más nos acercamos a la Navidad y os llegan estas letras que pretenden llevar a vuestras casas la cercanía de esta querida Cofradía y de cada uno de vuestros hermanos cofrades.

1. Es este un año en el que Benedicto XVI ha querido se rece por los sacerdotes, para que seamos santos a imagen del Sagrado Corazón de Jesús. ¡Qué necesidad más grande de que esto sea así! El ministerio de los sacerdotes hace posible la presencia de Jesucristo entre nosotros en la Sagrada Eucaristía, donde Él, está real y verdaderamente presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Y cómo no, al realizar los demás sacramentos, especialmente el Bautismo y la Confesión, caminos necesarios y de crecimiento en la vida cristiana.

Os pido que no dejéis de rezar por mí y por vuestros Párrocos de manera particular y por los demás sacerdotes en general. Además pedid a Dios que envíe nuevas vocaciones para el Seminario de Santander, que serán los sacerdotes del mañana.

2. A su vez la Conferencia Episcopal Española declaró este año 2009 como Año de la Vida. Cuando estamos a punto de concluirle, contemplamos al “Redentor que viene” en el vientre de Santa María Virgen. Él ha querido entrar en el mundo como tú y yo, encarnándose en una Madre, que ahora, por obra del Espíritu Santo, se convierte en un canto a favor de la Vida.

Cómo resuenan todavía en aquella plaza de Madrid las palabras de Juan Pablo II: “… hablo del respeto absoluto a la vida humana, que ninguna persona o institución, privada o pública, puede ignorar. Por ello, quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad”. ¿No son estas palabras el clamor que tantas personas de buena voluntad quisieron dejar patente en la manifestación de Madrid del 17 de octubre pasado? Sí. La vida debe ser defendida, desde todos los niveles y en todos los ámbitos, desde su concepción hasta su muerte natural.

Pongo estas intenciones por los sacerdotes y por la Vida a los pies del pesebre de Belén, que nuestro Redentor las acoja y haga florecer la santidad de los sacerdotes y la Cultura de la Vida.

Al final de estas palabras os envío mi bendición sacerdotal que de la mano del Escapulario de Nuestra Señora, quiere acercaros al Niño Dios. A ellos os encomiendo para viváis una Feliz Navidad y un próspero año nuevo.

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“La Palabra acampó entre nosotros”, por D. Alberto García.

Así se titula el enviado para la Navidad 2008

Con estas palabras nos presenta el Apóstol San Juan la entrada del Salvador en el mundo. Dios ha visitado a su pueblo, ha puesto su “tienda” entre nosotros.

Cuando llega este boletín a tus manos estamos preparándonos para celebrar este acontecimiento. Desde día treinta de noviembre y hasta la tarde del veinticuatro de diciembre nos disponemos, llenos de alegría, a preparar nuestros corazones para recibir al Salvador. Es el tiempo de Adviento que nos repetirá con San Juan Bautista que hemos de ser un pueblo bien dispuesto por el arrepentimiento de nuestros pecados: es la conversión que anunciaba el Bautismo de San Juan.

La confesión sacramental personal de nuestros pecados llenará de gracia nuestras almas y el Hijo de Dios podrá nacer en nuestros corazones. No es posible un mundo nuevo -el Reino de Dios- si tú y yo no dejamos al Espíritu Santo que nos llene de verdad y haga en nosotros, como en la Virgen María, portadores de Jesús. Como Ella, hemos de dar a Cristo al mundo, nosotros con el testimonio de una fe vivida en las realidades más ordinarias y en las tareas más sencillas de cada día.

Vivir la Navidad es dejar al Niño Dios nacer en nosotros y hacer partícipe de este acontecimiento a nuestra familiares y amigos. No dejes de colocar el Belén en tu casa y quizás colaborar en el de tu parroquia, al mismo tiempo que animas a tus familiares y amigos a que lo hagan. Debe estar en un lugar visible, para que el Misterio de Navidad sea el centro de tu vida y de los tuyos esos días.

¿Cómo prepararnos para vivir mejor este tiempo de Navidad?

Como lo hace la Iglesia: desde el día 17 al 24 de diciembre mira a la Virgen María y con Ella contempla al Redentor que lleva en sus entrañas expectante al momento del parto.

Querido Cofrade que con tanto cariño has sabido acércate al manto de la Madre de Dios en nuestra querida Ermita de San Martín de Toranzo. Dile a esta Madre buena que quieres estar atento como Ella y con su esposo San José. Serás especialmente partícipe ante el asombro de los Ángeles de este singular acontecimiento, y con ellos llenar de alegría tu corazón y el de los tuyos.

Con mi felicitación para cada uno, os envío la bendición del Niño Dios.

Alberto García García, Abad de la Cofradía

Este es el mensaje que nos dirigió nuestro Abad, D. Alberto, el año 2007.

Con especial alegría me dirijo a vosostros, queridos cofrades de Nuestra Señora del Carmen, a través de esta hoja que llega a tus manos y que quiere ser un instrumento que te ayude a crecer como hijo de María en la Iglesia. Un «hijo» que aprende del «Hijo» a serlo con todas las consecuencias.

Qué ocasión más preciosa se nos presenta ahora que comienza un nuevo Año Litúrgico. El Adviento nos dispone al encuentro con Jesucristo, al que hemos de llegar al final de nuestra vida -solo Él la llena de sentido- y que se nos presenta como Niño indefenso y pobre en el pesebre de Belén.

Quiero hacerte una invitación para estas próximas fiestas: ¡Prepárate como lo haría la Santísima Virgen.

Ella tuvo que hacer aquel molesto y largo viaje a Belén, ya cercano su alumbramiento: es nuestro adviento, que hemos de vivir con alegría ante la cercanía de su llegada y con la penitencia por nuestros pecados, para poder estar bien dispuestos para este acontecimiento singular y siempre nuevo.

La devoción de Navidad será la consecuencia de caminar con la Virgen estos días: hacer de tu casa, con tu familia, la casa del Redentor. Que la imagen del Niño Dios en el Belén no falte en ella. Así te dispondrás mejor al encuentro con Jesús en la Sagrada Comunión, especialmente el día de Navidad, Él está ahí y te espera.

¡Qué extraño resulta que algunos que se dicen cristianos no abran la puerta de su casa al Hijo de Dios en el día de su Nacimiento!

Una especial bendición para ti y tu familia en estos días tan entrañables y llenos de gracia.

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